DIARIO, André Gide (24 enero 1916)

«Anoche una puesta de sol inefablemente extraña y bella, cielo lleno de brumas rosa, anaranjadas. Lo admiré, sobre todo, al pasar sobre el puente de Grenelle, reflejado por el Sena cargado de chalanas. Todo se fundía en una armonía cálida y tierna. En el tranvía de Saint-Sulpice, desde donde contemplaba maravillado ese espectáculo, comprobé que nadie, absolutamente nadie, le prestaba atención. No había una sola de las caras que no tuviera un aspecto absorto, serio… Sin embargo, pensé, algunos viajan lejos para no ver nada que sea más bello. Pero el humano, las más de las veces, no reconoce aquella belleza que no compra, y es por eso por lo que la oferta de Dios es tan a menudo desdeñada.»

PERDIDA (Gone Girl) – Gillian Flynn

«Durante varios años había vivido aburrido. No con el aburrimiento lloriqueante e inquieto de un niño (aunque no era inmune a ello), sino con un malestar denso que todo lo cubría. Tenía la impresión de que nunca jamás volvería a haber nada nuevo bajo el sol. La nuestra era una sociedad completa y ruinosamente derivativa. Éramos la primera generación de seres humanos que jamás podría ver nada por primera vez. Contemplamos las maravillas del mundo con ojos mortecinos, de vuelta de todo. Mona Lisa, las pirámides, el Empire State Building. El ataque de un animal selvático, el colapso de antiquísimos glaciares, las erupciones volcánicas. No consigo recordar ni una sola cosa asomprosa que haya visto en persona que no recordase de inmediato a una película o a un programa de televisión. A un puto anuncio. ¿Conocen el espantoso sonsonete del indiferente? «Ya lo he viiistooo». Bien, pues yo lo he visto literalmente todo. Y, lo peor, lo que de verdad provoca que me entren ganas de saltarme la tapa de los sesos, es que la experiencia de segunda mano siempre es mejor. La imagen es más nítida. La visión, más intensa. El ángulo de la cámara y la banda sonora manipulan mis emociones de un modo que ha dejado de estar al alcance de la realidad. No estoy seguro de que, llegados a este punto, sigamos siendo realmente humanos, al menos aquellos de nosotros que somos como la mayoría de nosotros: los que crecimos con la televisión y el cine y, ahora, Internet. Si alguien nos traiciona, sabemos qué palabras decir; si queremos hacernos el machote o el listillo o el loco, sabemos qué palabras decir Todos seguimos el mismo guión manoseado.
Es una era difícil en la que ser persona. Simplemente una persona real, auténtica, en vez de una colección de rasgos seleccionados a partir de una interminable galería de personajes.» (Traducción: Óscar Palmer)

«LOS CONJURADOS» – Jorge Luis Borges (1985)

«Al cabo de los a\u00f1os he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un d\u00eda en que no estemos, un instante, en el para\u00edso. No hay poeta, por mediocre que sea, que no haya escrito el mejor verso de la literatura, pero tambi\u00e9n los m\u00e1s desdichados. La belleza no es privilegio de unos cuantos hombres ilustres.»

«LAS FLORES DEL MAL» Charles Baudelaire (1857)

HIMNO A LA BELLEZA
¿Vienes del cielo profundo o surges del abismo
oh, Belleza? Tu mirada, infernal y divina,
vierte confusamente el favor y el crimen,
y se puede, por esto, compararte al vino.

Contienes en tu ojo el poniente y la aurora.
Derramas perfumes como un anochecer tormentoso.
Tus besos son un filtro y tu boca un ánfora
que hacen al héroe cobarde y al niño, valiente.

¿Sales de la sima negra o desciendes de los astros?
El destino hechizado sigue tus enaguas como un perro.
Siembras al azar la alegría y los desastres.
Y lo gobiernas todo y no respondes de nada.

Marchas sobre los muertos, Belleza, de los que te burlas.
De tus joyas el Horror no es la menos encantadora,
y la Muerte, entre tus más queridos dijes,
sobre tu vientre orgulloso danza amorosamente.

El efímero deslumbrado vuela hacia ti, candela,
crepita, arde y dice: ¡Bendigamos estas luces!
El amante jadeando inclinado sobre su bella
tiene el aspecto de un moribundo acariciando su tumba.

Que vengas del cielo o del infierno, ¿qué importa,
¡oh, Belleza! ¡monstruo enorme, horroroso e ingenuo!
si tu mirar, tu sonrisa, tu pie, me abren la puerta
de un Infinito que amo y nunca he conocido?

De Satán o de Dios, ¿qué importa? Ángel o Sirena,
¿qué importa? si tú vuelves, –¡hada de los ojos de terciopelo,
ritmo, perfume, luz, oh, mi única reina!–
el universo menos horrible y los instantes menos pesados?

«CINCO MEDITACIONES SOBRE LA BELLEZA» François Cheng (2006)

«En estos tiempos de miserias omnipresentes, de violencias ciegas, de cat\u00e1strofes naturales o ecol\u00f3gicas, hablar de la belleza puede parecer incongruente, inconveniente, incluso provocador. Casi un esc\u00e1ndalo. Pero por esta misma raz\u00f3n, vemos que, en lo opuesto al mal, la belleza se sit\u00faa efectivamente en la otra punta de una realidad a la cual debemos enfentarnos. Estoy convencido de que tenemos el deber urgente, y permanente, de examinar los dos misterios que constituyen los extremos del universo vivo: por un lado, el mal. Por otro, la belleza.»